viernes, 15 de julio de 2011

Falsos mitos del amor.

Siempre he sido muy observador y curioso, eso, dentro del mundo emocional puede llevarte a realizarte muchas preguntas. Siempre me ha fascinado la velocidad con la que asumimos y damos por verdaderos diversas afirmaciones sobre las emociones, que sí que son muy bonitas, pero que al fin y al cabo no dejan de ser meros mitos.

Entendemos mito no es más que “una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico.” Esto nos pone ante una serie de situaciones tan idílicas como falsas sobre el amor. El problema se encuentra en que, en alguna ocasión, todos hemos dicho o pensado alguna de ellas, lo cual no es preocupante. Afortunadamente la experiencia empírica acaba destrozando estos mitos y de paso hace nuestro corazoncito algo más fuerte. Ahora analizaremos alguno de esos mitos:

Quiero que mi pareja sea sincera conmigo”. Muchas veces detrás de esta frase encontramos encubierto el siguiente pensamiento “Me gusta que mi pareja me diga lo que quiero oír”. Hagamos un pequeño ejercicio, apuntemos en un folio todos los pensamientos que tenemos sobre nuestra pareja durante unas horas, cada vez que ese pensamiento se repita le ponemos una crucecita.

Ahora subrayemos los pensamientos que le hemos comentado a nuestra pareja. Pocos ¿verdad? Y de esos pocos, seguramente, solo le habremos comentado los positivos, que pueden ser también los menos frecuentes. Y no es de extrañar, ser sincero es cómo manejar maquinaria pesada, hay que tener muchísima precaución y no hacerlo nunca bajo el consumo de “sustancias”.

En las relaciones podemos decir que “somos sinceros” cuando en realidad la intención ,consciente o no , es la de manipular a la pareja. Podemos “ser sinceros” cuando en realidad somos sumisos y decimos lo que nuestra pareja quiere oír. En cambio podemos ser sinceros de verdad, desde una posición asertiva y buscar una perspectiva de ganar-ganar, pero desgraciadamente esto es lo que menos se da.

Existe mi media naranja y solo esa persona será capaz de hacerme feliz”. La persona adecuada, en el momento oportuno en el lugar idóneo. Este mito no necesita mayor explicación.

Los opuestos se atraen”. Mira a tu pareja, ahora mírate a ti. Pues eso, los polos opuestos no se ataren, cuantos más aspectos en común tengamos mejor, no buscamos una pareja “opuesta” a nosotros sino una persona que nos “complemente”. En la variedad de recursos que podamos aportar a la relación está la clave.

Si el amor es auténtico, lo sabré en el mismo momento de conocer a la otra persona”. Las personas nos pueden gustar, nos atraen, pero el amor llega con el tiempo, el flechazo no es más que otro mito, el amor a primera vista, una excusa. Es fácil confundir el cariño y la atracción con el enamoramiento. Una profesora me dijo una vez “el amor es como hacer una tarta, preparas los ingredientes, lo mezclamos, los calientas y luego toca esperar a que se haga. El primero no te saldrá bien, pero con la práctica llegarás tener una receta que te llene”.

Si experimento una plena compenetración sexual, debe tratarse de amor”. No confundir química sexual con amor, en ocasiones nos enganchamos a personas que sexualmente nos satisfacen y creemos estar enamorados. La compenetración sexual está bien, bueno más que bien, como se diría vulgarmente es la leche pero es un error tener esta satisfacción sexual es uno de los pilares de la pareja. Pero lo que hace del amor un amor completo es algo más…

Cuando, personalmente, experimento una emoción que no se explicar me siento “ignorante”. Esta curiosidad y necesidad de autoconocimiento fue una de las razones por las cuales comencé a estudiar psicología. Mucha gente siente (o dice sentir) lo que es el amor pero pocos se preguntas “¿Qué es en sí el amor?”. Dentro de poco daremos respuesta a esta pregunta.

Post reescrito, revisado y reeditado por J.V.Pérez


lunes, 13 de junio de 2011

Diluido

“En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos.

No lo voy a negar, sí hay dos cosas que me gustan,por sólo enumerar dos, en esta vida son el café y los libros de Erich Fromm. Hace unos días estaba sentado en la cafetería de la facultad de psicología, en mi rinconcito, con un café en una mano y “El arte de amar en la otra”. Una experiencia que os recomiendo de corazón, entre la amargura del café, su aroma, su cafeína y la narrativa de Fromm mi mente hechó a volar.

Muchas veces nos encontramos con personas que conocemos (y apreciamos) cambian radicalmente su personalidad, modifican sus metas y su conducta cuando están dentro de un contexto social nuevo o acaban de encontrar a una pareja. Incluso podemos llegar a reconocernos a nosotros mismos en ese pensamiento ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué lleva a un sujeto a dejar su personalidad atrás para complacer a su pareja?

Para intentar dar respuesta a estas situaciones podemos recurrir a la teoría humanista de Carl Rogers. Nos encontramos con que los demás nos quieren, se fijan en nosotros, nos tratan bien cuando hacemos lo que ellos quieren, es maravilloso ver lo bien que nos tratan los demás cuando hacemos lo que ellos quieren. Pero todo eso tiene una contrapartida importante ya que vemos como dejamos nuestras propias necesidades y motivaciones para comportarnos como los demás quieren que seamos.

Esta forma de actuar surge de la importante necesidad de ser amados, necesidad que en muchas ocasiones hace que dejemos de ser nosotros mismos para ser como la otra persona quiere. Ocurre algo parecido al tirar un azucarillo en una taza de café caliente, nuestro propio autoconcepto se diluye rápidamente dentro de la personalidad de ese ser “amado”.

Estas situaciones crean un estado de discordia, una polifonía de voces, una lucha interna entre la personalidad impuesta por nuestra pareja y el sentido de nuestro propio autoconcepto. Vemos como en esta situación existe un problema de incongruencia entre la experiencia real proporcionada por el entorno y nuestro propio autoconcepto. En esos momentos nos empequeñecemos y dejamos de un lado nuestras necesidades, opiniones y emociones pensando que la vida en pareja requiere “estos sacrificios”.

Lo que más me aterra es ver cómo hemos normalizados este tipo de relaciones las cuales crean un estado alterado interno, no son ni recomendables ni útiles. Tenemos que aprender a olvidar el valor impuesto por los demás y favorecer la tendencia hacia el crecimiento interno y la autonomía. Desde esta autonomía es desde donde han de surgir nuestras relaciones, el amor hacia los demás a de surgir del amor a uno mismo.

“La paradoja del amor es, ser uno mismo, sin dejar de ser dos.” Fromm

Post revisado, reeditado y resubido por J.V.Pérez.

miércoles, 8 de junio de 2011

Magia

Muchas veces esperamos que los cambios ocurran de forma espontánea. Creemos que al no hacer nada y dejar que corra el tiempo por sí solas las cosas tienden a equilibrarse y a cambiar. Puede que sea cierto, mi abuela, sabia mujer donde las haya, siempre me decía que el tiempo nos deja a cada uno en nuestro lugar, pero las cosas no cambian “automáticamente”.

Estos cambios que deseamos que ocurran mientras nosotros esperamos sentados a verlas venir, reciben el nombre de “cambios mágicos”. Muchas veces tenemos la falsa creencia de que las cosas nos ocurrirán sin más por el simple hecho de “ser nosotros”. Creemos que si dejamos de afrontar la realidad que nos rodea y no actuamos delante de los problemas que se nos ponen delante, estos desaparecerán “mágicamente”.

En la mayoría de situaciones en las que nos quedamos parados mientras “la vida pasa delante de nosotros” , pasamos gran parte del tiempo pensando lo que debería o no debería hacer y aquí es donde aparece el temido y fatal “Y si…”. Pasamos gran parte de nuestra vida pensando en ese dichoso “y si…” preparándonos para lo que pueda venir, y no nos engañemos, la mayoría de esas reflexiones acaban siendo castillos construidos en el aire, razonamientos subjetivos que poco o nada tienen que ver con la realidad.

Pasamos demasiado tiempo pensando en el “y si…” y poco tiempo actuando. Personalmente soy del tipo de personas que, cuando van a darse la ostia, prefiere ver cómo llega el suelo, así tengo tiempo para poner las manos antes de darme el gran golpe. Y como yo mucha gente, el problema radica en nuestra falta de habilidades o recursos necesarios para “empezar a movernos”, esas habilidades que hacen que demos ese primer paso que nos impulsa al cambio.

Estas habilidades son fruto de la experiencia, hablando claro, este aprendizaje es fruto de los palos que nos da la vida. Estos palos nos enseñas como actuar antes situaciones parecidas, nos impulsan a alcanzar nuestras metas y nos ayudan a saber que no hemos de hacer, este entrenamiento nos hace revivir experiencias tratando de no volver a cometer los mismos errores, algo que desgraciadamente falla más de lo que desearíamos.

El problema es que tratamos de polarizar nuestros pensamientos y emociones, todo es blanco o negro, este pensamiento digital reduce nuestro punto de vista en cuanto a las opciones que disponemos. Hemos de alejarnos de ese tipo de pensamientos, abrirnos a la experiencia, observar las cosas de forma objetiva y entonces obtendremos de esta polarización un equilibrio que nos impulse a actuar.

No todo es blanco o negro, el mundo está lleno de colores maravillosos, sólo tienes que saber donde y cómo mirar...

Post escrito, reeditado y resubido por J.V.Pérez.

domingo, 5 de junio de 2011

Expectativa.

“Todo se reduce a expectativas”, en una clase más o menos reciente discutíamos sobre el papel de las expectativas cuando el profesor lanzo este órdago, nunca me ha gustado ser tan reduccionista, pero en aquel momento lo vi claro.

Primero centrémonos en el concepto de expectativa: “Una expectativa, que es una suposición centrada en el futuro, puede o no ser realista. Un resultado menos ventajoso ocasiona una decepción. Si algo que pasa es completamente inesperado es una sorpresa.” Siempre actuamos en función de nuestras expectativas, es por ello que son consideradas uno de los mejores predictores del comportamiento que existen. Estas expectativas surgen de la necesidad de control sobre el ambiente que posee el ser humano. La incertidumbre nos asusta, nos da miedo y en un intento, más o menos bueno, de predicción tratamos de construir una visión sobre nuestro porvenir. Esto nos hace pensar que la previsión del futuro es el auténtico antecedente real del comportamiento.

Esta predicción estructura nuestra conducta y hace que actuemos de forma coherente con las expectativas que poseemos. Pongamos por ejemplo la expectativa de meta, estas metas dirigen la conducta humana hacia lo que deseamos conseguir. Actuamos en función a nuestros objetivos y nos hacemos expectativas constantemente y sobre cualquier acontecimiento. Pensemos en los cosas que hacemos o hemos hecho para estar con esa persona que tanto nos interesa, la expectativa de conseguir estar con esa persona nos ha llevado por un largo camino, no siempre exento de problemas.

En este camino nos habremos topado con varias actuaciones ilógicas, actos que nos han desconcertado o simplemente frases o pensamientos que nos han dejado fuera de logar. Lo más fascinante de estas expectativas es precisamente eso, su subjetividad y su falta de lógica. Muchas veces nos preguntamos ¿Por qué estoy haciendo? ¿Me querrá más si me comporto de esta manera o de otra? ¿Conseguiré aquello que anhelo?.

Hacemos cosas que nunca pensaríamos que podríamos hacer guiados por esas expectativas, las cuales, en ocasiones, van un paso por delante nuestro. Todos hemos realizado “locuras” por amor, nos hemos ilusionado mucho por una persona que nos parecía perfecta, por esa persona que veíamos con pasión, sinceridad y cariño. Luego vemos cómo todo ha sido una mentira, una decepción. En este momento es cuando decimos “¡Gracias expectativa! de no ser por tí ahora mismo no me sentiría como un completo idiota”.

El problema es muchas veces nuestras expectativas no están ajustadas a la realidad ya que todos interpretamos el mundo de una manera subjetiva. Este fallo de ajuste nos crea frustración al ver que nuestras expectativas no son satisfechas. Pero no todo es negativo ya que este desajuste nos llevará a una construcción de nuevas expectativas, y si hemos aprendido de la experiencia, estas expectativas estarán más ajustadas a la realidad. Esta subjetividad y fallo de nuestras expectativas viene dado por la percepción equivocada que tenemos sobre nosotros mismo.

Cómo comentaba anteriormente “vivimos en un autoengaño permanente”, el no ser sincero con nosotros mismos lleva a construir expectativas poco realistas basadas en nuestra propia subjetividad. En este punto me pregunté “Si las expectativas, para ciertos aspectos, pueden ser perjudiciales… ¿No sería mejor no tener ninguna expectativa?”. Al poco tiempo di con la respuesta, no tener ninguna expectativa es, por si mismo, una expectativa, lo cual nos lleva a una paradoja de difícil solución…

Hemos de centrarnos en el momento, vivir el aquí y el ahora de forma consecuente con nuestros deseos y posibilidades… Creo que es la mejor expectativa que he encontrado.

Post escrito, reeditado y resubido por J.V. Pérez.

Un momento para el recuerdo.

Siento tener el blog un poco abandonado. La vida ahora mismo va demasiado deprisa y no tengo todo el tiempo que me gustaría para dedicarlo al blog. Son periodos de mucho trabajo y exámenes por lo que he decidido reeditar entradas antiguas del anterior blog para los que no tuvisteis la oportunidad podáis leerlas.

Durante estos meses me ha sido imposible colgar material nuevo, mi mente ha estado en otros lugares y siento que , hasta dentro de un mes que las aguas vuelvan a su cauce, no tendré el tiempo y las fuerzas que requieren este tipo de blogs. Pero no os alarméis, mi ilusión y mis ganas siguen intactas.

Hasta entonces os dejo con unos post reeditados de mi blog anterior.
Un abrazo J.V. Pérez.







miércoles, 23 de marzo de 2011

Rompiendo las cadenas.

En aquel instante ella le cogió la mano, tan sólo un segundo después notaba un golpe en el vientre, una rápida exhalación y un duro pinchazo en el estomago, resumiendo, una horrible sensación. Ella sabe que la quiero, sabe que estoy aquí, pero parece no importarle lo más mínimo. Veo como sus labios se acercan, sigo mirando sin saber la razón, un macabro reflejo me impide apartar la mirada. El dolor se intensifica, noto el segundo exacto en el que mi corazón dice basta… Al fin mi mirada baja, tras un esfuerzo enorme y, entonces, llegó el vacío.

Llevo horas vagando por la calle, sin ninguna dirección completa, solamente quiero andar. A duras penas llego a mi habitación, a oscuras y con cierta dificultad conecto el mp3 a la minicadena pensando que la música haría de esto algo menos duro. En la sombras me acurruco en el suelo, en una esquina de mi cuarto.

“Somos esclavos de nuestros afectos”, demasiada verdad en una frase tan corta. El amor crea unas cadena y unos grilletes que nos atan a esa persona que amamos. Dulces grilletes hasta que esas cadenas se transforman en tu cárcel, entonces es cuando más pesan. “Idiota, idiota, idiota. Hace unas horas decía que te amaba y ahora… Ya los has visto. Idiota, idiota más que idiota”.

No sé cuánto tiempo había pasado, pero uno de esos dulces azares del destino, un momento en el que tu ipod se alía contigo, un momento en el que la opción aleatoria parece saber lo que piensas, en ese momento sonó la canción. Esa canción especial que siempre te ha acompañado en los momentos duros y que otorga una luz clarividente a tus pensamientos, una canción que te hace resurgir.

Tocando mis muñecas sentía esos grilletes imaginarios. “Pesan demasiado, me aprietan, hacen daño, he de deshacerme de ellos”. Sé que hay batallas que no se pueden ganar y la de ese día la perdí, pero me di cuenta de que perder una batalla no significa perder la guerra, era mi libertad y mi paz las que estaban del juego. Los grilletes y la cadena empezaron a resquebrajarse. “Valgo mucho más que esto”

Sí alguna vez amig@ mío has pasado por ello comprenderás a la perfección la sensación de la que te hablo. Un nuevo amanecer, una nueva luz, un nuevo golpe de brisa, volver a sentir esos pequeños placeres, ser libre no sentir envidia ni resentimiento… Puede que las cosas tengan sentido ahora, una sonrisa tímida se escapa de mis labios en ese momento maravilloso en el que ves el mundo con asombrosa claridad y todo empieza a encajar.

Al abrir la ventana veo que la noche está bien entrada, la luna llena, majestuosa en el cielo arropada por un centenar de estrellas. “Yo no he perdido, ella ha elegido mal, el ciego no soy yo. Ahora no”. La sonrisa crece, sé que he perdido esta batalla, pero la derrota significaba el inicio de la victoria, el inicio de la paz.

Han olvidado algo siempre; tengo un as en la manga. Las cadenas se han roto…

domingo, 13 de marzo de 2011

Mis dos mentes.

Durante años había deseado tenerla entre mis brazos, rodear su cintura con mis manos, susurrarle al oído lo mucho que la deseaba… Ahora, mientras la beso, mientras acaricio su cuello, mientras siento su cuerpo contra el mío un único pensamiento recorre mi mente: “Se que me va a romper el corazón”.

En aquel momento me dejé llevar y aprendí (con algo de tiempo y un corazón roto) que esta batalla entre la emoción y la razón tenía que acabarse, comprendí que era necesario que ambas fluyeran en un estado pacífico, calmadas y sosegadas. Era necesario que dejaran de pelear entre sí y se pusieran a trabajar juntas por un bien común, era necesario que firmases una tregua y unieran fuerzas con el fin de ser feliz y estar en paz conmigo mismo.

Hace no mucho me preguntaron ¿Se pueden domar las emociones? Mi respuesta fue tan clara cómo directa y es que si no lo creyera no me dedicaría a esto de la psicología. No digo que sea fácil, puede llevar meses, años, pero conseguir ese equilibrio entre pensamientos y emociones es cuestión de esfuerzo y voluntad. No hay más.

Después de aquella vez me prometí a mi mismo que nunca me volverían a romper el corazón, que prefería estar en soledad que “venderme” por un poco de cariño. Juré no volver a caer en esa búsqueda desesperada de afecto y comencé a buscar en mi mismo, comencé a conocerme, a sentirme afecto, en pocas palabras, comencé a valorarme.

Los años pasan y la soledad es un maravilloso viaje de autodescubrimiento al que muchos temen, otros pasan por él, aprenden, se adaptan y consiguen un estado de paz con ellos mismos. No hay que temer a la soledad, hay que abrazarla, disfrutar de ella y entenderse a uno mismo. Los que temen a la soledad buscan desesperadamente algo de cariño, son sombras manipuladoras que no hacen más que embelesar las mentes de sus parejas con una ponzoña oscura que acabará ellos tarde o temprano.

Yo no quiero eso y espero que tu querid@ amig@ tampoco lo quieras, desde mis experiencias entendí que la pareja son dos personas que, en base a la libertad , la confianza , el amor y la pasión actúan como un solo ser. Sin manipulación, sin dolor, sin chantaje… EN PAZ.

Lo mejor de ti