domingo, 5 de junio de 2011

Expectativa.

“Todo se reduce a expectativas”, en una clase más o menos reciente discutíamos sobre el papel de las expectativas cuando el profesor lanzo este órdago, nunca me ha gustado ser tan reduccionista, pero en aquel momento lo vi claro.

Primero centrémonos en el concepto de expectativa: “Una expectativa, que es una suposición centrada en el futuro, puede o no ser realista. Un resultado menos ventajoso ocasiona una decepción. Si algo que pasa es completamente inesperado es una sorpresa.” Siempre actuamos en función de nuestras expectativas, es por ello que son consideradas uno de los mejores predictores del comportamiento que existen. Estas expectativas surgen de la necesidad de control sobre el ambiente que posee el ser humano. La incertidumbre nos asusta, nos da miedo y en un intento, más o menos bueno, de predicción tratamos de construir una visión sobre nuestro porvenir. Esto nos hace pensar que la previsión del futuro es el auténtico antecedente real del comportamiento.

Esta predicción estructura nuestra conducta y hace que actuemos de forma coherente con las expectativas que poseemos. Pongamos por ejemplo la expectativa de meta, estas metas dirigen la conducta humana hacia lo que deseamos conseguir. Actuamos en función a nuestros objetivos y nos hacemos expectativas constantemente y sobre cualquier acontecimiento. Pensemos en los cosas que hacemos o hemos hecho para estar con esa persona que tanto nos interesa, la expectativa de conseguir estar con esa persona nos ha llevado por un largo camino, no siempre exento de problemas.

En este camino nos habremos topado con varias actuaciones ilógicas, actos que nos han desconcertado o simplemente frases o pensamientos que nos han dejado fuera de logar. Lo más fascinante de estas expectativas es precisamente eso, su subjetividad y su falta de lógica. Muchas veces nos preguntamos ¿Por qué estoy haciendo? ¿Me querrá más si me comporto de esta manera o de otra? ¿Conseguiré aquello que anhelo?.

Hacemos cosas que nunca pensaríamos que podríamos hacer guiados por esas expectativas, las cuales, en ocasiones, van un paso por delante nuestro. Todos hemos realizado “locuras” por amor, nos hemos ilusionado mucho por una persona que nos parecía perfecta, por esa persona que veíamos con pasión, sinceridad y cariño. Luego vemos cómo todo ha sido una mentira, una decepción. En este momento es cuando decimos “¡Gracias expectativa! de no ser por tí ahora mismo no me sentiría como un completo idiota”.

El problema es muchas veces nuestras expectativas no están ajustadas a la realidad ya que todos interpretamos el mundo de una manera subjetiva. Este fallo de ajuste nos crea frustración al ver que nuestras expectativas no son satisfechas. Pero no todo es negativo ya que este desajuste nos llevará a una construcción de nuevas expectativas, y si hemos aprendido de la experiencia, estas expectativas estarán más ajustadas a la realidad. Esta subjetividad y fallo de nuestras expectativas viene dado por la percepción equivocada que tenemos sobre nosotros mismo.

Cómo comentaba anteriormente “vivimos en un autoengaño permanente”, el no ser sincero con nosotros mismos lleva a construir expectativas poco realistas basadas en nuestra propia subjetividad. En este punto me pregunté “Si las expectativas, para ciertos aspectos, pueden ser perjudiciales… ¿No sería mejor no tener ninguna expectativa?”. Al poco tiempo di con la respuesta, no tener ninguna expectativa es, por si mismo, una expectativa, lo cual nos lleva a una paradoja de difícil solución…

Hemos de centrarnos en el momento, vivir el aquí y el ahora de forma consecuente con nuestros deseos y posibilidades… Creo que es la mejor expectativa que he encontrado.

Post escrito, reeditado y resubido por J.V. Pérez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchas gracias por tu visita

Lo mejor de ti