
En aquel momento me dejé llevar y aprendí (con algo de tiempo y un corazón roto) que esta batalla entre la emoción y la razón tenía que acabarse, comprendí que era necesario que ambas fluyeran en un estado pacífico, calmadas y sosegadas. Era necesario que dejaran de pelear entre sí y se pusieran a trabajar juntas por un bien común, era necesario que firmases una tregua y unieran fuerzas con el fin de ser feliz y estar en paz conmigo mismo.
Hace no mucho me preguntaron ¿Se pueden domar las emociones? Mi respuesta fue tan clara cómo directa y es que si no lo creyera no me dedicaría a esto de la psicología. No digo que sea fácil, puede llevar meses, años, pero conseguir ese equilibrio entre pensamientos y emociones es cuestión de esfuerzo y voluntad. No hay más.
Después de aquella vez me prometí a mi mismo que nunca me volverían a romper el corazón, que prefería estar en soledad que “venderme” por un poco de cariño. Juré no volver a caer en esa búsqueda desesperada de afecto y comencé a buscar en mi mismo, comencé a conocerme, a sentirme afecto, en pocas palabras, comencé a valorarme.

Los años pasan y la soledad es un maravilloso viaje de autodescubrimiento al que muchos temen, otros pasan por él, aprenden, se adaptan y consiguen un estado de paz con ellos mismos. No hay que temer a la soledad, hay que abrazarla, disfrutar de ella y entenderse a uno mismo. Los que temen a la soledad buscan desesperadamente algo de cariño, son sombras manipuladoras que no hacen más que embelesar las mentes de sus parejas con una ponzoña oscura que acabará ellos tarde o temprano.
Yo no quiero eso y espero que tu querid@ amig@ tampoco lo quieras, desde mis experiencias entendí que la pareja son dos personas que, en base a la libertad , la confianza , el amor y la pasión actúan como un solo ser. Sin manipulación, sin dolor, sin chantaje… EN PAZ.






