"Naces solo y mueres solo, y en el paréntesis la soledad es tan grande que necesitas compartir la vida para olvidarlo." E.Froom.
La soledad es presentada ante nosotros como esa gran y oscura bestia que nos acecha, que trata de acabar con nosotros arrancando de un bocado el corazón de nuestro pecho…Y desde pequeñitos se nos ha enseñado a temer a esa bestia. Hablábamos en posts anteriores de la ansiedad por separación que sufren los niños hasta los 3 años, desde esta perspectiva, como seres sociales que somos (aunque muchas veces lo neguemos), podríamos atrevernos a afirmar que el miedo a la soledad tiene algo de innato y mucho de adaptativo. Necesitamos a los demás para sobrevivir.

Desde nuestro nacimiento somos unas blanditas bolitas de rosada piel incapaces de valerse por sí mismas. Al contrario que la mayoría de mamíferos que a los pocos minutos son capaces de andar y alimentarse, nosotros necesitamos años. Luego resulta que crecemos y la cosa cambia, nos creemos maduros, competentes, objetivos y racionales pero seguimos teniendo un miedo atroz a la soledad, no somos más que unas no tan blanditas y algo más estilizadas bolitas de rosada(o no tan rosada) piel.
Buscamos la compañía de los demás pero no sabemos estar solos, buscamos ser amados por otra persona pero no nos conocemos a nosotros mismos. Sí no he estado solo, sí no me conozco a mi mismo ¿Cómo voy a poder amar a otra persona? ¿Cómo voy a conseguir una relación profunda y comprensiva con otra persona?.
Yo siempre he pensado que la soledad es un maravilloso viaje de autodescubrimiento, que bien llevado a cabo tiene como última instancia la construcción de una relación basada en la empatía, la libertad, la sinceridad y el cariño con la persona amada. Para amar a los demás, (amar en el sentido más profundo, no hablo de relaciones donde la manipulación emocional hacen que el que más “quiera” sea el que menos daño haga al otro, hablo de amar de verdad), para amar a alguien, primero has de amarte y conocerte a ti mismo. Solo así podemos crear la habilidad empática que nos permita interactuar de forma sincera y cariñosa con nuestros seres queridos.
La soledad es una condición indispensable para amar.La persona que no ha estado sola, que no ha sentido el aliento de esa bestia golpeando bruscamente contra su pecho, esa persona será incapaz de amar. Una persona que no esté segura de sí misma, que tenga baja autoestima, que sea insegura y manipuladora tratará de escapar de esta bestia por atajando por el camino fácil, cogerá el primer camino que encuentre, un camino que puede ser más peligroso aun que esa bestia. Desgraciadamente ese camino no tiene salida, esa senda acaba en el precipicio de la infelicidad y la infidelidad.
El conocedor de sí mismo, el creador empático capaz de entrar en la mente de sus seres amados, capaz de alcanzar sus deseos, capaz de satisfacer sus emociones conseguirá acabar con la bestia.Será capaz de amar, será capaz de ser amado y entonces descubrirá que toda la espera ha merecido la pena. Seamos pacientes, el amor hacia los demás ha de surgir del conocimiento y el amor a uno mismo.







